Este blog tiene la intención de reflexionar sobre un acto que nos lleva por medio de los sueños hacia lo imposible.
miércoles, 12 de agosto de 2009
MIS INICIOS COMO EDUCADOR-BIOGRAFÍA
MIS INICIOS COMO EDUCADOR
UNA AUTOBIOGRAFÍA
CARLOS E. REVELO N.
Muchas veces escribir es acordarse de lo que nunca ha existido ¿Cómo lo conseguiré, saber lo que ni siquiera sé? Así: como si me acordase. Con un esfuerzo de "memoria", como si yo nunca hubiese nacido. Nunca he nacido, nunca he vivido: pero yo me acuerdo, y ese recuerdo está en carne viva.”
“Tengo miedo de escribir. Es tan peligroso. Quien lo ha intentado lo sabe. Peligro en hurgar en lo que está oculto, pues el mundo no está en la superficie, está oculto en sus raíces sumergidas en las profundidades del mar. Para escribir tengo que instalarme en el vacío. Es en este vacío donde existo intuitivamente. Pero es un vacío terriblemente peligroso: de él extraigo sangre. Soy un escritor que tiene miedo de la celada de las palabras: las palabras que digo esconden otras: ¿cuáles? Tal vez las diga. Escribir es una piedra lanzada a lo hondo del pozo”.
Clarice Lispector, Un soplo de vida, (Fragmento).
Realmente, no sé por dónde comenzar. Diré que desde que tengo memoria existen hechos de los cuales soy consciente, otros hacen parte de la historia de mis padres y de otras personas. De alguna manera hacen parte de mi vida. Doy fe de aquellos a los que mi memoria hace referencia; los otros podrían ser historias o cuentos.
Mis padres son de Nariño, se casaron muy jóvenes. Por lo que sé, eran tiempos difíciles. Conocieron el amor muy temprano. Mi madre tenía 15 años y mi padre tenía 21. Pienso que por tantas prohibiciones y mitos, terminaron en este compromiso, ahora ellos están separados, lo hicieron después de 25 años de casados. Escucho a mi madre decir: de que fue una niña engañada y que su juventud no la vivió como debía ser. Mi padre es una persona muy trabajadora, y siempre lo fue, su vida ha estado pasando entre responsabilidades y la familia. Soy el segundo de seis hermanos: la primera fue mujer y murió a los ochos días de nacida, por un infarto. Luego naci y por lo ocurrido a mi hermana fui criado con mayor atención y esmero, hasta que nació el tercero, un año mas tarde y así sucesivamente: un hombre más y dos mujeres. Por supuesto, fui el conejillo de indias en las etapas de niñez, infancia, hasta mi adolescencia.
Nací en Pasto, capital del departamento de Nariño, al sur de Colombia. Al poco tiempo me llevaron a la ciudad de Ibagué, capital del Tolima; donde tengo muchos recuerdos de experiencias entre mis tres a cuatro años de edad; como por ejemplo el de que mi madre fue mi primera maestra, tal vez por la falta de dinero o tal vez porque en ese entonces no era fundamental el estudio de preescolar, o tal vez porque en ese entonces quien se dedicaba a la crianza era la madre y al trabajo el padre. El hecho es que fui precoz al colegio, fui a los cinco años, a primero de primaria, en un instituto de hermanos maristas, Instituto Champagnat. Me hicieron exámenes de lectura, escritura, matemáticas y sociales. Recuerdo ese día: mi madre estaba esperándome fuera del salón, yo dentro de él al frente del tablero y el director del instituto haciéndome todas las preguntas y ejercicios pertinentes; al final, pasé. Fue mucha la alegría y el orgullo de mi madre ver que sus esfuerzos habían dado el resultado. Estaba ahora en la escuela primaria.
Mi primer día fue una anécdota: mi madre madrugo ese día y me llevo al colegio. Mi vestido era con pantalones cortos de color gris, llevaba tirantas y mi peluqueado era estilo militar: Se caracterizaba por dejar un planchón de pelo encima de la cabeza y alrededor rapado; además, llevaba un maletín o guarniel para los libros, que pesaba más por la cantidad de libros y cuadernos nuevos, forrados uno por uno, zapatos de charol nuevos.
Vivíamos en un barrio, muy lejos del colegio, tuvimos que tomar el bus, yo estaba grabando en mi memoria el recorrido del bus. Tenía como esa inquietud o capacidad, que la adquirí de la manera, como mi madre me enseño los números o las letras. En ese entonces las calles eran tapadas por las cantidades de avisos, al estilo pasacalles, que las tupian en su totalidad, cada uno intentando sobresalir, estos me enseñaban a leer, repetía las palabras que en ellas estaban y la que no conocía, entonces mi madre me ayudaba con la pronunciación. Los números con las medidoras de gasolina, siempre que parábamos en una, seguía los números del medidor.
Bien, ese día un lunes, llegamos temprano al colegio, me sentía muy extraño, era el más pequeño de todos. El colegio era de gente bien, pero eso nunca me preocupo, para mí todos eran iguales, nunca me puse a pensar que quienes estaban ahí eran hijos de gente pudiente, o si me dio por preguntarme si mis padres eran tan solventes, que me llevaron a ese colegio. Diferente a lo que hacemos hoy, nuestros hijos ya saben cuánto ganamos y hasta que dificultades económicas tenemos. Mi madre me dejó y me recomendó que debía esperarla hasta que ella llegara y me recogiera, para llevarme a la casa de nuevo; luego entramos a clase. En ese entonces era un docente el director del salón y por lo general era el mismo profesor para la mayoría de materias, hay algunas que han desaparecido, como cívica y urbanidad, el catecismo del padre Astete…, terminada la presentación y la bienvenida, nos dejaron salir a la casa y al otro día comenzar en serio. El horario era de 7 am hasta las 11 am, la introducción había terminado a las 8:30 am y entonces, pensaba tengo que quedarme hasta las 11 am para que mi madre me recogiera, que voy a hacer todo ese tiempo, todo mundo salió, despavorido y al poco rato ya estaba solo. Entonces decidí irme por mi cuenta, aferrándome a mi memoria, tome el bus con los mismos colores, del anterior y el nombre que me había grabado, el del barrio, San Diego, el motorista no me dijo nada, recibió los 15 centavos, de los 30 que me habían dejado para las medias nueves, y solo tuve que seguir el camino y bajarme en el mismo sitio en que subí en la mañana, cuando mi madre me llevo. Cuando llegué, golpee la puerta de mi casa y quien me abrió era mi madre. Estaba con un delantal y el trapeador en la mano, al verme pego un grito. Su expresión era de asombro y de miedo, se asusto muchísimo. Lo primero que me preguntó, fue cómo llegue, quién me trajo; no creía que lo había hecho por mi cuenta. Desde aquel día ya no me llevaba al colegio, yo lo hacía solo, claro, eran otros tiempos.
Dentro del colegio pasaron muchas cosas buenas y malas, pero que de todas maneras me dejaban enseñanza y recuerdos: como mis amigos, con ellos fueron con los que aprendí, reconocí, compartí y descubrí muchas de las cosas que en ese entonces eran mitos o prohibiciones y que hoy en día son solo cosas comunes y corrientes. Siempre fui de pocos amigos, era un poco selectivo a la hora de escoger mis amigos, por tanto no tenía muchos, recuerdo me gustaba mucho compartir juegos de estrategia o juegos competitivos que me enseñaran.
Recuerdo algunos docentes, que en su mayoría eran hermanos maristas. Como el hermano Jorge, era hiperactivo, y muy bueno para contar historias, me encantaba cuando lo hacía, porque mi imaginación volaba y fantaseaba mucho. El hermano tomate, que le decían así porque era rojo, venia de España, tenía un juego en el salón, alrededor del cual, había colocado una pista de carreras de ciclismo, cada estudiante tenia uno, y de acuerdo a su participación o respuestas buenas, adelantaba cierto espacio, de la misma manera si no lo hacia se retrasaba, hasta llegar al final y quien ganara tenía una buena nota en la materia. El profesor de matemáticas, era de carácter fuerte, fue quien me castigo con correa, por haberme equivocado en una cifra de una suma de 6 columnas, esto se lo conté a mi padre, hablo con el rector y al otro día expulsaron al profesor, creo que era un primer paso en la racionalización u humanización de la educación: se decía que la “letra con sangre entra”, principio de una educación conductista o irracional. Recuerdo mucho los castigos, como el del golpe de una varilla en la palma de la mano, sostener un ladrillo en las manos, sin tirarlo, hasta la hora que lo ordene…Los temas se memorizaban, no se sabía que se estaba haciendo, todo era recitado y las notas eran numéricas, nada conceptuales, cada mes se daban y era un trauma, pues nunca daban un resultado en el que se pensara en que falle o que debo hacer para superarlo, eso sí cuando habían buenas notas existía el premio del papá o la mamá, un peso o una salida a cine, pero si eran lo contrario, se castigaba con un rejo o una zambullida a la alberca.
Uno de mis juegos favoritos era, precisamente el de ser profesor, nos reuníamos algunos amigos, conseguíamos un tablero e imitábamos al profesor, que más nos gustaba o a veces tomábamos actitudes de castigo, como lo hacia el profesor agresivo, ahora me doy cuenta que tanta importancia tiene la representación de una actitud del docente, lo que se llama ahora la didáctica de la actitud.
Cuando ya estaba en tercero de primaria, trasladaron a mi padre a la ciudad de Pasto, entonces había que dejar el colegio, la ciudad, todo. En Pasto había otro calendario académico, por lo que tendría que retomar el grado de tercero y ponerme a la par con los temas de ese grado, para mí la ida a Pasto era lo máximo, no pensaba en lo que podía suceder.
Me colocaron en un colegio público, que se denominaba Anexa a la Normal Superior de varones, no sabía el significado de este nombre, si lo hubiese sabido, hubiese tenido otro tipo de capacitación frente a lo que me deparaba el futuro.
La entrada a esta escuela fue traumática por un lado y muy enriquecedora por otro, traumática porque me empezaron, los compañeros a molestar con apodos y otras formas, porque tenía un acento diferente a ellos, me decían: “paisa de lo frio”, fue tanta la molestadera, que mi padre tuvo que confrontarme con ellos y fue la única manera de parar este impase. Fue enriquecedor, porque aprendí mucho de una manera más clara en todos los aspectos, la variedad de docentes, practicantes, de la normal, hacia esto muy dinámico. Además el gobierno de ese entonces, por medio del programa de la Alianza para el Progreso, de la UNICEF, nos daban una ración de pan y leche, teníamos una parcela para cultivar hortalizas, recuerdo que en cosecha llevábamos lo producido a la casa y esto era una cosa maravillosa para nosotros y nuestros padres.
De aquí terminada esta primaria, tras un examen de admisión, pasé al bachillerato en un colegio también público: el CCP (Colegio Ciudad de Pasto), como colegio público dentro del mismo, se vivían muchas incomodidades y bajezas por parte de muchos estudiantes compañeros, precisamente por sus orígenes de crianza y aprendizaje. Cuando cursé segundo de bachillerato, o sea séptimo, perdí el año, fue un gran trauma para todos, recuerdo que lo perdí no porque no fuese buen estudiante, sino por el descuido y juego, en plenos exámenes finales, me dedique al football, tal vez por esto hoy en día no me gusta jugarlo, ese día cuando se supo, mi padre me dio una paliza que aun no la olvido: luego volví al mismo colegio y nuevamente perdí el año tercero o sea noveno, esta vez fue porque mis padres no me estaban controlando, fueron trasladados. Terminada esta etapa, me pasaron a un colegio privado en la ciudad de Ipiales, a 80 Km de Pasto, un sitio con muchas características de pueblo y un clima de muy baja temperatura, tal vez por esto la gente es muy cálida y buena. Aquí termine el noveno, en un colegio privado de los hermanos maristas, a partir de este nivel mis notas y actitud cambiaron muchísimo. Terminado este nivel nos trasladamos nuevamente a Pasto y pase al Instituto Champagnat, también con hermanos maristas, aquí aprendí a fumar, mi rebeldía floreció, y tuve problemas familiares, los compañeros también me dieron la espalda, hasta que termine mis estudios de bachillerato.
Mis padres no son adinerados, vivían de muchos sacrificios, y querían darnos a todos un buen estudio, que empezó conmigo. Mi meta era estudiar Arquitectura, me presenté en varias universidades de todas maneras, pues la intensión era estudiar como fuere, es así como me presente a Arquitectura en la Universidad Nacional en Bogotá, Electrónica en la Universidad del Cauca, e Ingeniería Industrial en la Universidad del Tolima, aquí en esta última, salí y empezó mi vida de estudiante universitario, una de las mejores experiencias en todo nivel. Fue en donde me di cuenta cuanto valía, que tanto podía hacer, hasta que punto era responsable y cuanto era mi compromiso conmigo mismo.
Desafortunadamente, cursando el tercer semestre, cerraron la universidad, yo estaba con un préstamo de la Caja Agraria, que no lo renovarían, por no tener con que sustentar notas del semestre, envista de esto, me toco pedir transferencia a la Universidad de Nariño, en Ingeniería Civil, por desempeño y mis notas, estaba en quinto semestre homologando algunas materias, por lo que pude en algunas de ellas estudiar con mi hermano, el menor de los hombres.
Termine los estudios en ese semestre con muy buenas notas, pero la realidad era otra, mis padres ya no me podían apoyar y decidí, pasarme a una carrera técnica profesional que se asemejara a mi Arquitectura, y es así como empecé estudios en el CESMAG (Centro de Estudios Superiores María Goretti), lo hice después de terminar ese semestre y no se lo dije a mis padres, solo cuando empecé mi carrera, parte de ella aporte en las matriculas y la otra parte mis padres con su esfuerzo lo hicieron. Era el mejor y me gradué con una tesis laureada, realizada con la uñas y mucho esfuerzo.
Hice algunos trabajos en oficinas de periódicos, generando logotipos, planos estructurales y topográficos, hasta que tome una decisión, salir de mi pueblo y buscar nuevas alternativas de estudio y trabajo, pero ya en forma personal.
Llego el momento de tomar una decisión. En el hogar se sentía el ambiente, en donde ya no cabía, tenía que buscarme mi lugar, llego el desprendimiento, hice un intento en el Ecuador, no fue posible, luego reuní unos pesos y determine viajar a Cali, si no encontraba trabajo, lo haría en Bogotá, sino en Medellín y si no me dedicaba a recorrer el mundo. Fue muy determinante el primer trabajo, lo hice en una empresa de desarrollo y montaje de muebles especiales para comercio y supermercados y aquí me quede, durante 10 años, hasta que decidí cambiarme de empresa; en este lapso de tiempo, fue cuando me case primero, por la iglesia. Dure muy poco en el matrimonio, casi dos años, luego de un corto tiempo de haberme separado, me organice con una compañera de trabajo, la madre de mis dos hijos, mis grandes orgullos.
Como siempre sucede tenía que pensar en superarme, es cuando opte por buscar otras alternativas de trabajo y decidí que podría ser la docencia, al fin y al cabo tenía la experiencia y muchas ganas, sentía que era otra de mis vocaciones. Busqué en un directorio y encontré que en Cali, existía este instituto a nivel técnico profesional, y decidí por mi cuenta presentarme con mi hoja de vida y mis buenas intenciones por enseñar lo que ya había aprendido.
Comencé dando clase de decoración, reemplazaba a una docente que estaba en embarazo, eso fue por el año 83, para mí era como extraño, pues mi competencia era la perspectiva, la geometría y la expresión, sin embargo poseía una cualidad grande y era el deseo por lo que estaba haciendo y el trabajo me daba la experiencia, que se necesitaba, tenía un carisma para la gente y los estudiantes gustaban de mi metodología de clase.
Mi experiencia fue aumentando, siempre actualizándome, lo que no conozco lo busco hasta comprender su sentido, mantengo al día en los conceptos y tecnología, esto me ha dado muchos resultados, además de darme mayores alternativas de trabajo y mayor conocimiento.
Llevo 25 años trabajando en la Institución, estos años son los mejores de mi vida laboral, la relación entre personas, es lo más enriquecedor y exigente que puede tener una persona en su vida, durante este tiempo son muchas las cosas y los cambios que han pasado por mi vida.
Involucre nuevas metodologías de enseñanza en diferentes campos de los programas de dibujo arquitectónico y decoración, de diseño grafico, de diseño de interiores, de diseño industrial, en áreas de expresión, diseño, dibujo técnico, maquetas, perspectiva, fotografía, decoración, historia e investigación.
Muchas de estas experiencias me han fortalecido, me han mostrado la verdadera cara de la educación, y me han ayudado en la crianza de mis hijos y en mi actitud como maestro. Aquí no ha terminado esta relación, seguiré buscando mi verdad y en esa búsqueda, que nunca terminará, pero se aproximará, estará mi pasado siempre empujándome a reconocerme y realizarme como hombre.
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Un saludo cordial.
ResponderEliminarla estructura de un trabajo completo que sustenta y justifica una idea.
Lo que yo sugiero para el blog es un artículo que hable sobre el planteamiento, así como tal no es práctico, los blogs tienen un marco para hacer ágiles los documentos.
Por otro lado pues nada qué decir sobre esa idea bien plateada y que tien todo un bagaje amplio de lo que se quiere y piensa trabajar.